
La primera vez que escuché de este camino fue por Marco Polo y el libro de las Maravillas, el cual fue redactado por Rustichello da Pisa, un escritor que compartía prisión con Marco Polo y que transformó sus relatos de viaje en un libro.
En este contaban las andanzas de Marco por China, Mongolia, Persia, India y otras regiones de Asia, describiendo ciudades inmensas, riquezas y costumbres desconocidas.
Todo esto durante la corte de Kublai Khan, nieto de Gengis Khan, el gran emperador del Imperio Mongol y fundador de la dinastía Yuan en China.
En 2023, visité parte de este camino de ciudades pasando por Kirguistán, Kazajistán, Uzbekistán y Tayikistán buscando fascinarme por las mismas cosas que Marco Polo siglos atrás.
Te cuento más adelante de lo que se trata esta ruta para que puedas visitarla.
La Ruta de la Seda no fue una sola ruta, sino una enorme red de caminos comerciales que unió Asia, Medio Oriente, África y Europa durante más de mil años. Por esos caminos viajaban caravanas cargadas de seda china, especias, porcelana, piedras preciosas y perfumes… pero también viajaban ideas, religiones, idiomas y culturas. Fue, en muchos sentidos, la primera gran globalización de la historia.
La Ruta de la Seda comenzó oficialmente alrededor del año 130 a.C., durante la dinastía Han de China, cuando el emperador Wu abrió rutas comerciales hacia Asia Central y Occidente. Aunque ya existían intercambios anteriores, fue en ese momento cuando se estableció una conexión constante entre China y el mundo occidental.
El nombre “Ruta de la Seda” en realidad es moderno: fue creado en 1877 por el geógrafo alemán Ferdinand von Richthofen. Los antiguos comerciantes nunca la llamaban así.
Su período más fuerte y espectacular fue entre los siglos VII y XIV, especialmente durante el Imperio Mongol. Bajo el dominio de los mongoles, gran parte de Asia quedó conectada políticamente, lo que permitió viajar con más seguridad desde Europa hasta China. Fue la época dorada de ciudades legendarias como:
En esos siglos, las caravanas atravesaban desiertos, montañas y oasis llevando mercancías de un extremo del mundo al otro. Pero también circulaban historias, filosofías y religiones: el budismo llegó a China por esta ruta, mientras que el islam se expandió profundamente en Asia Central.
El viajero más famoso de la Ruta de la Seda fue Marco Polo. Partió desde Venecia en 1271 junto a su padre y su tío, y tardó años en llegar a China. Vivió en la corte de Kublai Khan y recorrió ciudades que para los europeos parecían casi míticas. Más tarde escribió Los viajes de Marco Polo, una obra que despertó la imaginación de Europa durante siglos.
Pero no fue el único gran viajero. También recorrieron estas rutas:
Cada uno dejó relatos sobre desiertos infinitos, caravanas de camellos, mercados inmensos y ciudades que parecían imposibles en medio de la nada.
La Ruta de la Seda comenzó a perder importancia a partir del siglo XV. Varias razones explican su caída:
En 1453, con la caída de Constantinopla y el control otomano de las rutas terrestres, el comercio tradicional quedó gravemente afectado. Los europeos empezaron entonces a buscar rutas marítimas hacia Asia, iniciando la Era de los Descubrimientos.
Algunos estudios recientes incluso indican que cambios climáticos y el secado de oasis en regiones como el desierto de Taklamakán también influyeron en el colapso de ciertas rutas comerciales.
La Puerta de Jade, conocida en chino como Yumen Guan, era uno de los pasos fortificados más importantes de la antigua Ruta de la Seda en el oeste de China. Se encuentra cerca de Dunhuang, en medio de paisajes desérticos extremos.
Su nombre viene del jade que viajaba desde Asia Central hacia China: las caravanas atravesaban esta puerta transportando piedras preciosas, seda, especias y mercancías que llegaban desde Occidente.
Los “restos de la Puerta de Jade” son las ruinas de esa antigua fortaleza construida durante la dinastía Han, alrededor del siglo II a.C. Hoy todavía pueden verse muros de barro endurecido y estructuras militares que marcaban el límite occidental del imperio chino. Más allá comenzaban los desiertos, las montañas y el mundo desconocido de Asia Central.
Para los viajeros antiguos, cruzar la Puerta de Jade significaba abandonar China y entrar en una travesía peligrosa llena de tormentas de arena, bandidos y enormes distancias. Muchos relatos de comerciantes y exploradores describen ese paso como el inicio real de la Ruta de la Seda.
Aunque el antiguo comercio desapareció, todavía hoy se pueden recorrer muchos de los sitios más fascinantes de la Ruta de la Seda.
Son probablemente las ciudades que mejor conservan la atmósfera clásica de la Ruta de la Seda: madrazas azules, caravasares, mercados y mezquitas monumentales.
Ciudades llenas de bazares, cúpulas turquesas y arquitectura persa que fueron claves en el comercio entre Asia y Europa.
La conexión final entre Oriente y Occidente.