
Desde la capital de Colombia, me transporté hacia el Eje cafetero. Podés ir en en auto más de 6 horas o en avión como lo hice yo. De Bogotá a Armenia con Avianca 1 hora y del aeropuerto de Armenia en bus hasta las estación de colectivos.
Allí esperamos un ratito para luego ir hasta la última parada una hora a Salento.
La llegada fue de noche y hermosa, ver todas las casitas de colores vibrantes y la calle principal con muchos foquito, un ambiente super cálido.
Llegué al hostel un poco cansado por el camino pero salí a descubrir lo que para mí fue el pueblo más lindo del Eje cafetero.
Salento nació en 1842 como el primer asentamiento del Quindío, por eso lo llaman el Municipio Padre del Quindío. Todo empezó antes de su fundación oficial: Simón Bolívar y el científico Alexander von Humboldt pasaron por estos caminos cuando aún no era más que una aldea conocida como Boquía.
El pueblo se originó como colonia penal del gobierno del Cauca para mantener el Camino del Quindío. Con el tiempo, colonizadores antioqueños (los famosos «paisas«) fueron llegando, trayendo su cultura, su arquitectura de bahareque y, a principios del siglo XX, los primeros cafetales del departamento.
Salento conserva su arquitectura colonial de bahareque casi intacta, algo que muy pocos pueblos de Colombia pueden decir. El centro histórico fue incluido en el Paisaje Cultural Cafetero de la UNESCO. Las fiestas de fundación se celebran cada año en enero, una semana entera de festividad paisa.
El Eje Cafetero es una región cultural, geográfica y económica en el corazón de los Andes colombianos que abarca los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío, con partes de Antioquia, Valle del Cauca y Tolima. Aquí el café no es solo un cultivo sino que es una identidad.
En 2011, la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad bajo el nombre de Paisaje Cultural Cafetero, reconociendo su tradición cafetera única en el mundo. Sus condiciones climáticas (entre 8°C y 29°C según la altitud) producen uno de los cafés de mayor calidad a nivel global.
Finca El Ocaso: la más famosa y visitada, destacada por tener el entorno más hermoso. Está a solo 4km de Salento, 20 minutos en Willys o una hora caminando. Tiene más de 100 años de historia, máquina tostadora propia y cafetería con terraza donde aparecen colibríes. El tour dura 1h30 y cuesta alrededor de 30.000 COP.
Finca Don Elías: apuesta por el café orgánico. Más familiar y pequeña, ideal si querés algo más auténtico y menos masivo. El mismísimo Don Elías suele dar el tour.
Finca Las Acacias: reconocida por el conocimiento práctico que transmite. Buena opción para los que quieren entender a fondo el proceso del grano.
Finca Buenos Aires: la que ofrece el tour más completo. Te vestís con poncho, canasto y sombrero, hay una parada con limonada y arepa a mitad del recorrido, y podés sembrar tu propia chapola (semilla de café).
Finca Entre Bosques: más chica y íntima, ideal para aprender en un entorno pequeño.
Para llegar: todos los Willys salen de la Plaza Bolívar. Hay un quiosco de madera donde comprás el ticket y el jeep hace paradas en las distintas fincas, te bajás en la que te interesa.
Si querés ir a pie a las más cercanas, también es una opción linda para ver el paisaje cafetero de cerca.
Desde Salento podés armar un recorrido por varios pueblos del Quindío, todos a menos de 2 horas. Los más recomendados:
Filandia (30 min) — el más parecido a Salento en arquitectura pero mucho menos concurrido. Lo llaman la Colina Iluminada. Tiene un mirador 360° espectacular, artesanías en mimbre hechas a mano y una plaza muy bonita. Ideal para el que quiere el mismo ambiente paisa sin la avalancha de turistas.
Circasia (25 min) — el más tranquilo de todos. Famoso por su cementerio declarado patrimonio arquitectónico, que suena raro pero es genuinamente hermoso. Casas de bahareque bien conservadas y casi ningún turista.
Montenegro (45 min) — acá está el Parque Nacional del Café, el parque temático cafetero más grande de Colombia. Si viajás con familia o querés entender toda la historia del café de forma didáctica y entretenida, es parada obligatoria.
Quimbaya (45 min) — pueblo pintoresco con buena gastronomía y hoteles de categoría. Si viajás en diciembre, tiene el famoso festival de faroles el 7 y 8 de diciembre que es una pasada.
Pijao (1h15) — el más auténtico y diferente. Es el primer pueblo Slow Food de Colombia y uno de los pocos de Latinoamérica con ese reconocimiento. Frío, tranquilo y sin turismo masivo. Para los que buscan el Quindío sin filtros.
Buenavista (1h30) — uno de los más bonitos y menos conocidos del Quindío. Vistas impresionantes a la cordillera y muy pocos visitantes. Joya escondida.
Armenia (40 min) — la capital del Quindío. No es un pueblo pintoresco pero es el hub de transporte y tiene buena oferta gastronómica urbana. Útil como punto de paso.
El recorrido clásico en un día sería Salento → Filandia → Circasia → Armenia de vuelta. Si tenés dos días, agregás Montenegro + Pijao o bajás hasta Buenavista.
El Salento Viewpoint es el más popular, hay dos miradores: uno da al valle verde y los cafetales, y subiendo un poco más llegás al que da sobre el pueblo. Gratuito y abierto siempre.
El Mirador en las Manos de Dios está a solo 10 minutos caminando del centro, en una finca familiar con atmósfera más tranquila y las mejores vistas del valle según varios visitantes, abierto hasta las 10pm.
Y el Alto de la Cruz son los 238 escalones del post, más movido, pero la vista del pueblo vale el esfuerzo.
Otro lugar de ver el atardecer es desde el hostel Viajero donde siempre hay música y bar abierto.
Si viajas solo y querés encontrarte con gente nueva y hacer sociales, el mejor lugar es Viajero.
Si querés algo con onda boutique, el Cocli Hotel Boutique tiene terraza con vistas a la montaña, spa y jacuzzi.
El Mirador del Cocora tiene habitaciones con vista directa al valle de Cocora, también con jacuzzi, ideal si vas a hacer la caminata.
El Hotel Salento Real es la mejor relación precio-calidad, a pasos de la Calle Real.
Y si preferís algo más hogareño y tranquilo, el Hostal Casa de los Taitas tiene jardín, café de finca y muy buena vibra, varios lo recomiendan para madrugadores porque el amanecer desde ahí es espectacular.
Escadaria Selarón
Son unas escaleras súper coloridas que conectan los barrios de Lapa y Santa Teresa, decoradas con más de 2000 azulejos de todo el mundo 🌎.
👉 Fueron creadas por el artista chileno Jorge Selarón, que las fue transformando durante años como un proyecto personal.
👉 Hoy son uno de los lugares más icónicos de la ciudad y muy populares para fotos e Instagram.
Para comer bien de verdad: María Ocampos — trucha premiada, empanadas adictivas, colibríes volando mientras comés. No abre los sábados.
Para el clásico del pueblo: Donde Laurita — comida colombiana típica, ambiente vibrante, sillas de cuero pintadas a mano y la abuela que aparece a saludar. El más emblemático.
Para ambiente con vista: La Cuesta de la Abuela — segundo piso con vista a la Plaza Bolívar.